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EL SIGUIENTE GRAN COLAPSO DEL MUNDO
Por Gordon G. Chang
Gordon G. Chang es autor de "The Coming Collapse of China" ("El Próximo Colapso de China") (2001) y "Nuclear Showdown: North Korea Takes On the World" ("Enfrentamiento Nuclear: Corea del Norte Contra el Mundo") (2006) .
NUEVA YORK - ¿Se ha recuperado la economía global? Los pronosticadores dicen que habrá una recuperación este año del 2.4%, pero se les olvida algo. China podría hundirse pronto, y, si sucede, el estado más poblado del mundo arrastrará al resto consigo.
En este momento, la crisis en China perece ser lo último de que debiéramos estarnos preocupando. Después de todo, el año pasado China superó a América como el principal fabricante de automóviles del mundo y pasó a Alemania como el principal exportador. El jueves, Beijing anunció que el crecimiento para el cuarto trimestre de 2009 fue del 10.7% y del 8.7% para todo el año. Algunos analistas dijeron que los números eran tan fuertes que el país rebasó a Japón para convertirse en la segunda economía más grande del mundo. Los mercados de valores, los precios de las propiedades, lo que usted nombre: Todo lo chino está por los cielos.
Dubai estuvo ahí también algún día. Los mercados globales, por ello, temblaron en noviembre cuando se anunció que Dubai World, la firma estatal de inversiones de Dubai y principal deudor corporativo, había pedido una extensión sobre sus obligaciones de $59,000 millones. Los problemas en el próspero emirato han sido evidentes por algún tiempo, pero los inversionistas en acciones fueron atrapados desprevenidos, pensando aparentemente que un incumplimiento no habría de ocurrir.
Obviamente estaban equivocados. Los mercados globales, por ahora, pasaron el shock, en parte debido a que el emirato es pequeño. China, por otro lado, no lo es. El legendario vendedor corto James Chanos, quien predijo los fracasos de Enron y Tyco, dice que el país es "Dubai 1,000 veces -- o peor."
Como Dubai a principios del año pasado, China está ahora llegando al clímax de su burbuja. A primera vista, no hay mucho que conecte a esta pequeña ciudad-estado con el país de tamaño continental. Pero ambos sufren de sobreexpansión.
El modelo económico de China apoyado en las exportaciones produjo un crecimiento espectacular en el periodo de la postguerra fría con la aparentemente inacabable globalización y desarrollo económico. Pero el comercio global ha estado estancado luego de caer significativamente el año pasado. Como resultado de los problemas en el extranjero, las exportaciones chinas bajaron 16% en 2009. Hay pocos prospectos para una recuperación sostenida este año.
Beijing, ignorando la recomendación de Washington y otras capitales, no trató, en tiempos de bonanza, de reestructurar la economía para favorecer el consumo. En lugar de ello, el gobierno chino buscó aprovechar al máximo la entonces pujante demanda exterior. El papel del consumo, por ello, disminuyó, cayendo de un promedio histórico del 60% de la economía a cerca del 30% el año pasado. Ningún país tiene una tasa más baja.
Para compensar la decreciente demanda en el extranjero y el más lento gasto de consumo interno, el Consejo Estatal, el gabinete del gobierno central, anunció un plan de estímulo en noviembre de 2008. Beijing dijo originalmente que gastaría $586,000 millones durante 2010. En el primer año completo del programa, sin embargo, ha desembolsado, directamente y a través de los bancos estatales, alrededor de $1.1 billones en estímulos.
El plan, nada sorprendentemente, está creando producto interno bruto, pero el crecimiento es una "euforia azucarada" artificial. Por un lado, el gasto de estímulo de Beijing el año pasado fue la cuarta parte de la economía total. Ahora, quizá hasta el 85% del crecimiento de China es atribuible a las inversiones del estado, como observaron recientemente analistas chinos.
A pesar del masivo gasto estatal, la economía del país no está particularmente robusta. Las estadísticas de consumo de energía, indicador crucial de la actividad económica, muestran que la economía se expande apenas a las dos tercereas partes de la tasa anunciada. Además, los precios al consumidor esencialmente sin cambio el año pasado hunden los reportes oficiales de prósperas ventas al menudeo. Lo mismo que la disminución del 11.2% en las importaciones, otra señal de una lenta demanda interna. Y si la economía está realmente creciendo en dígitos dobles, ¿por qué insiste Beijing en continuar con el estímulo?
Pero por rápido que esté creciendo la economía, las políticas de China son insostenibles. Primero, el gobierno central se verá presionado para encontrar dinero y financiar sus gastos. Los déficits presupuestales crecen rápidamente, una restricción a los gastos adicionales. Más importante, los reguladores de Beijing están preocupados de que los bancos estatales, principal fuente de fondos de estímulo, se estén sobreextendiendo y acumulando malos créditos.
Thomas Friedman, columnista del New York Times,sin embargo, piensa que nada de esto será un problema. Diciendo que China no es la siguiente Enron, otorga este consejo a Chanos: "Nunca vendas corto a un país con reservas en divisas extranjeras por $2 billones."
Pero las reservas récord de Beijing -- ahora de $2.4 billones -- son esencialmente inutilizables para este propósito. ¿Por qué? Los líderes de China necesitan divisa local, el renminbi, para enfrentar necesidades domésticas. Si convierten sus reservas en renminbi, harán que la divisa se dispare en valor y ahogue al crítico sector de las exportaciones. Las reservas extranjeras sólo tienen usos limitados en crisis domésticas.
Segundo, el plan de estímulo del estado lleva a la nación en la dirección equivocada. Favorece a las grandes empresas estatales sobre las firmas privadas de tamaño medio y las instituciones estatales del estado desvían el crédito a la infraestructura auspiciada `por el estado. En el curso de las últimas tres décadas, la economía de China se ha expandido a una taza anual promedio del 9.9% debido al sector privado , pero ahora Beijing renacionaliza la economía con dinero del estado.
Tercero, la oleada de efectivo del gobierno a las empresas estatales de Bejing afectará su competitividad, como una similar marea de dinero dañó severamente a las corporaciones de Japón durante los años de la burbuja. Los gerentes japoneses descubrieron que podían ganar dinero manejando su efectivo que con cualquier otra cosa, y abandonaron así su negocio primario. Esencialmente lo mismo ocurre en China. Más o menos la quinta parte de los créditos de los bancos estatales han entrado a los ascendentes mercados de valores del país, y otra gran proporción alimenta las burbujas en los mercados de propiedades. Lo peor de todo, los casinos de Macau han disfrutado una reciente bonanza, aparentemente atrayendo grupos de grandes apostadores chinos que apuestan dinero desviado de los estímulos.
Finalmente, el gasto del estímulo, al pasar el tiempo, pierde efectividad para crear crecimiento. El país ya tiene una nueva ciudad vacía -- Ordos en Mongolia Interior -- y miles de instalaciones vacías, especialmente en los centros comerciales. Las nuevas fábricas están subutilizadas.
Con todas sus fallas, el programa de gastos del Consejo Estatal es lo único que parece estar generando crecimiento en estos momentos. Desafortunadamente para el gobierno, su plan también está creando desequilibrios y dislocaciones que serán difíciles de manejar este año.
Los funcionarios chinos, trabajando en una economía dirigida por el estado, tuvieron en el pasado la habilidad de diferir los problemas. Pero los retos que enfrentan han crecido con el tiempo al buscar políticas pro-crecimiento en lugar de implementar un cambio estructural. Y por ello es que, cuando sus políticas de crecimiento se queden sin vapor -- y pronto ocurrirá -- China se convertirá en el siguiente Dubai. Sólo que más grande.
(c) 2010 GLOBAL VIEWPOINT NETWORK/TRIBUNE MEDIA SERVICES
sábado, 23 de enero de 2010
jueves, 21 de enero de 2010
PINERA: NUESTRO BERLUSCONI?
http://www.tmsinternational.com/Piñera: ¿Nuestro Berlusconi?
POR ANDRES OPPENHEIMER
Oppenheimer, Andres - Spanish
El corresponsal extranjero y columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald
La opinión generalizada en los medios periodísticos es que el presidente electo chileno, Sebastián Piñera, será una versión latinoamericana del polémico primer ministro italiano Silvio Berlusconi: ambos son magnates convertidos en políticos centroderechistas, que ganaron elecciones en parte gracias a sus imperios mediáticos y sus equipos de fútbol.
¿Pero se convertirá Piñera en ``nuestro Berlusconi'', como ya lo llaman algunos?
De hecho, existen cinco poderosas razones por las que es improbable que Piñera termine como el líder italiano --un blanco constante de escándalos políticos, comerciales y sexuales-- y una razón menos plausible por la que podría terminar siendo igualmente polémico.
Empecemos por las diferencias.
En primer lugar, Piñera tiene una base académica mucho más sólida que el primer ministro italiano, y --de hecho-- que la mayoría de los líderes mundiales. Piñera se graduó en el primer puesto de su promoción de Ingeniería Comercial en la prestigiosa Universidad Católica de Chile, y luego obtuvo un doctorado en Economía en la Universidad de Harvard. Se trata de una formación académica difícilmente superable, y mucho más profunda que los cursos de un año de duración que muchos políticos latinoamericanos hacen en Harvard para poder poner el nombre de esa universidad en sus hojas de vida.
Tras lograr su doctorado con una tesis sobre la economía de la educación en los países en desarrollo, Piñera enseñó economía en Harvard y luego en cuatro universidades chilenas durante dieciséis años, mientras construía su imperio empresarial. En comparación, Berlusconi se graduó de abogado, escribió su tesis sobre los aspectos legales de la publicidad, y nunca más volvió al ámbito académico.
En segundo lugar, Piñera tiene mucha más experiencia política de la que tenía Berlusconi en el momento en que se convirtió en primer ministro. El presidente electo chileno fue senador desde 1990 hasta 1998, iniciando su carrera política dos décadas antes de ganar la presidencia. En comparación, Berlusconi se presentó como candidato a primer ministro ``antipolítico'' en 1994, prácticamente sin antecedentes en cargos públicos, y ganó.
En tercer lugar, la carrera empresarial de Piñera ha sido mucho menos polémica que la de Berlusconi. Mientras el primer ministro italiano ha enfrentado acusaciones de estar vinculado con la mafia, de fraude impositivo y de corrupción --el 5 de julio del 2008 admitió: ``Soy la persona que ha batido todos los récords de juicios en su contra en toda la historia de la humanidad''-- la carrera empresarial de Piñera ha sido mucho más tranquila.
El presidente electo chileno tiene el mérito, entre otros, de haber convertido a LAN Chile en una de las más grandes y tal vez mejores líneas aéreas del continente americano.
En cuarto lugar, Piñera ha estado casado durante 36 años, tiene cuatro hijos y es conocido como un hombre de familia. En comparación, Berlusconi se divorció dos veces y ha estado en el centro de una seguidilla de escándalos sexuales, el más reciente de los cuales involucró a jovencitas de un servicio de acompañantes que el año pasado fueron invitadas a sus fiestas privadas en su mansión de vacaciones en Cerdeña.
En quinto lugar, Piñera posiblemente sea menos derechista, y más respetuoso de las instituciones políticas, que Berlusconi. A diferencia de algunos de sus partidarios, Piñera se opuso al dictador Augusto Pinochet en la década de 1980 y ha sido más bien liberal en lo referido a los temas sociales. Durante la campaña, Piñera se manifestó a favor de la unión civil de los homosexuales, lo que provocó la ira de los sectores más conservadores.
¿Qué podría convertir a Piñera en un Berlusconi latinoamericano? Sus críticos dicen que Piñera, como la mayoría de los empresarios que empezaron desde abajo, es un hombre hiperactivo con una personalidad muy fuerte, que a veces bordea con la arrogancia. Si no la controla, es posible que sus estallidos verbales generen más titulares que sus logros en el gobierno, aseguran.
Mi opinión: Siempre he sido un gran admirador de los gobiernos de la coalición izquierdista chilena, que ahora dejarán el poder. No sólo han demostrado que puede existir una izquierda responsable y globalizada en Latinoamérica, sino que --lo que es más importante-- lograron reducir el índice de pobreza del 43 al 13 por ciento de la población en los últimos veinte años. Eso es un logro que no tiene parangón en la región.
Si Piñera hubiera apoyado la dictadura de Pinochet, o prometido eliminar algunos de los logros de los gobiernos chilenos recientes, o tuviera propensión a los escándalos personales, me costaría augurarle una buena gestión. Pero es probable que Piñera encabece un gobierno centrista que buscará acelerar la marcha de Chile hacia el primer mundo. Por ahora, parece ser mucho más promisorio que un Berlusconi latinoamericano.
(C) 2010 EL NUEVO HERALD DIST. POR TRIBUNE MEDIA SERVICES INTERNATIONAL
POR ANDRES OPPENHEIMER
Oppenheimer, Andres - Spanish
El corresponsal extranjero y columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald
La opinión generalizada en los medios periodísticos es que el presidente electo chileno, Sebastián Piñera, será una versión latinoamericana del polémico primer ministro italiano Silvio Berlusconi: ambos son magnates convertidos en políticos centroderechistas, que ganaron elecciones en parte gracias a sus imperios mediáticos y sus equipos de fútbol.
¿Pero se convertirá Piñera en ``nuestro Berlusconi'', como ya lo llaman algunos?
De hecho, existen cinco poderosas razones por las que es improbable que Piñera termine como el líder italiano --un blanco constante de escándalos políticos, comerciales y sexuales-- y una razón menos plausible por la que podría terminar siendo igualmente polémico.
Empecemos por las diferencias.
En primer lugar, Piñera tiene una base académica mucho más sólida que el primer ministro italiano, y --de hecho-- que la mayoría de los líderes mundiales. Piñera se graduó en el primer puesto de su promoción de Ingeniería Comercial en la prestigiosa Universidad Católica de Chile, y luego obtuvo un doctorado en Economía en la Universidad de Harvard. Se trata de una formación académica difícilmente superable, y mucho más profunda que los cursos de un año de duración que muchos políticos latinoamericanos hacen en Harvard para poder poner el nombre de esa universidad en sus hojas de vida.
Tras lograr su doctorado con una tesis sobre la economía de la educación en los países en desarrollo, Piñera enseñó economía en Harvard y luego en cuatro universidades chilenas durante dieciséis años, mientras construía su imperio empresarial. En comparación, Berlusconi se graduó de abogado, escribió su tesis sobre los aspectos legales de la publicidad, y nunca más volvió al ámbito académico.
En segundo lugar, Piñera tiene mucha más experiencia política de la que tenía Berlusconi en el momento en que se convirtió en primer ministro. El presidente electo chileno fue senador desde 1990 hasta 1998, iniciando su carrera política dos décadas antes de ganar la presidencia. En comparación, Berlusconi se presentó como candidato a primer ministro ``antipolítico'' en 1994, prácticamente sin antecedentes en cargos públicos, y ganó.
En tercer lugar, la carrera empresarial de Piñera ha sido mucho menos polémica que la de Berlusconi. Mientras el primer ministro italiano ha enfrentado acusaciones de estar vinculado con la mafia, de fraude impositivo y de corrupción --el 5 de julio del 2008 admitió: ``Soy la persona que ha batido todos los récords de juicios en su contra en toda la historia de la humanidad''-- la carrera empresarial de Piñera ha sido mucho más tranquila.
El presidente electo chileno tiene el mérito, entre otros, de haber convertido a LAN Chile en una de las más grandes y tal vez mejores líneas aéreas del continente americano.
En cuarto lugar, Piñera ha estado casado durante 36 años, tiene cuatro hijos y es conocido como un hombre de familia. En comparación, Berlusconi se divorció dos veces y ha estado en el centro de una seguidilla de escándalos sexuales, el más reciente de los cuales involucró a jovencitas de un servicio de acompañantes que el año pasado fueron invitadas a sus fiestas privadas en su mansión de vacaciones en Cerdeña.
En quinto lugar, Piñera posiblemente sea menos derechista, y más respetuoso de las instituciones políticas, que Berlusconi. A diferencia de algunos de sus partidarios, Piñera se opuso al dictador Augusto Pinochet en la década de 1980 y ha sido más bien liberal en lo referido a los temas sociales. Durante la campaña, Piñera se manifestó a favor de la unión civil de los homosexuales, lo que provocó la ira de los sectores más conservadores.
¿Qué podría convertir a Piñera en un Berlusconi latinoamericano? Sus críticos dicen que Piñera, como la mayoría de los empresarios que empezaron desde abajo, es un hombre hiperactivo con una personalidad muy fuerte, que a veces bordea con la arrogancia. Si no la controla, es posible que sus estallidos verbales generen más titulares que sus logros en el gobierno, aseguran.
Mi opinión: Siempre he sido un gran admirador de los gobiernos de la coalición izquierdista chilena, que ahora dejarán el poder. No sólo han demostrado que puede existir una izquierda responsable y globalizada en Latinoamérica, sino que --lo que es más importante-- lograron reducir el índice de pobreza del 43 al 13 por ciento de la población en los últimos veinte años. Eso es un logro que no tiene parangón en la región.
Si Piñera hubiera apoyado la dictadura de Pinochet, o prometido eliminar algunos de los logros de los gobiernos chilenos recientes, o tuviera propensión a los escándalos personales, me costaría augurarle una buena gestión. Pero es probable que Piñera encabece un gobierno centrista que buscará acelerar la marcha de Chile hacia el primer mundo. Por ahora, parece ser mucho más promisorio que un Berlusconi latinoamericano.
(C) 2010 EL NUEVO HERALD DIST. POR TRIBUNE MEDIA SERVICES INTERNATIONAL
viernes, 15 de enero de 2010
ANUNCIOS COMBINADOS CON CONTENIDO EDITORIAL DE INTERES = UN PRODUCTO MAS APRECIADO???
Partiendo de la base de que la calidad del producto es lo mas importante para que un producto tenga exito en el mercado y tomando estos productos como nuestro objetivo hemos estado tratando de descubrir si el combinar contenido editorial de alta calidad en los anuncios de los diferentes productos podria generar una mayor fidelizacion de los productos.
Desde nuestro punto de vista de proveedores de contenido editorial sobre diferentes temas y pensando en la crisis de anunciantes que se ha generado en los periodicos de unos anios a la fecha tenemos la incognita de si combinando un anuncio digamos de un centro de salud con contenido de Mayo Clinic que puede ser de interes para los lectores o posibles clientes, puede generar un mayor interes o atencion en el producto que ofrece dicho contenido. Ofreciendo ademas de la informacion del producto en si un extra para los posibles clientes y clientes existentes.
Esta practica se podria aplicar a casi cualquier tipo de producto: deportes, salud, comida, viajes, negocios, ciencia, tecnologia,etc.
Consideran este modelo de trabajo posible para incrementar la fidelizacion de los clientes ofreciendoles un plus en el servicio con dicho contenido? Creen que este tipo de servicio serviria para elevar aun mas el servicio al cliente?
Su opinion nos interesa.
Desde nuestro punto de vista de proveedores de contenido editorial sobre diferentes temas y pensando en la crisis de anunciantes que se ha generado en los periodicos de unos anios a la fecha tenemos la incognita de si combinando un anuncio digamos de un centro de salud con contenido de Mayo Clinic que puede ser de interes para los lectores o posibles clientes, puede generar un mayor interes o atencion en el producto que ofrece dicho contenido. Ofreciendo ademas de la informacion del producto en si un extra para los posibles clientes y clientes existentes.
Esta practica se podria aplicar a casi cualquier tipo de producto: deportes, salud, comida, viajes, negocios, ciencia, tecnologia,etc.
Consideran este modelo de trabajo posible para incrementar la fidelizacion de los clientes ofreciendoles un plus en el servicio con dicho contenido? Creen que este tipo de servicio serviria para elevar aun mas el servicio al cliente?
Su opinion nos interesa.
miércoles, 13 de enero de 2010
martes, 12 de enero de 2010
PRESIDENTE OBAMA: DEFIENDE A LIU XIAOBO
President Obama: Defienda a Liu Xiaobo
Por Wei Jingsheng
Global Viewpoint - Spanish
Wei Jingsheng, uno de los más conocidos activitas de los derechos humanos en China, pasó quince años en la cárcel hasta ser deportado a Estados Unidos. Recibió el premio Robert F. Kennedy por los Derechos Humanos y el Premio Olaf Palme.
WASHINGTON, D.C. - La semana pasada, un reformista conservado en China, Liu Xiaobo, fue sentenciado a once años de cárcel por el gobierno chino por el sólo acto de organizar y firmar una petición, la Carta 08, que pide la reforma política y los derechos humanos básicos que gran parte del mundo ya disfruta.
El mensaje era claro para todos aquellos que buscaban moderación por parte de una nuevamente poderosa China que ahora tiene un prominente lugar en las mesas del gobierno global: ya que ustedes hicieron mucho escándalo por liberar a Liu luego de su arresto, lo castigaremos todavía más severamente. En términos nada inciertos, eso nos deja saber no sólo que no les interesa lo que pensamos, sino que no tenemos qué hacerlo.
Aunque había diplomáticos de Alemania y Australia entre las dos docenas de personas a quienes se permitió observar el "juicio público," el hecho de que no se permitió a nadie de la embajada americana debe leerse como un reto particularmente claro y abierto a Estados Unidos.
Los chinos conocemos íntimamente esta arrogancia autoritaria.
Durante las eras de Mao Zedong y Deng Xiaoping, cuando fui encarcelado por quince años por el "horrible crimen" de pegar un cartel en una pared, el gobierno chino consideró a la opinión pública internacional con esta misma actitud. Si el pueblo chino veía cómo el gobierno abiertamente menospreciaba los intereses de poderosos extranjeros, razonaban los gobernantes del Partido Comunista, verían que no tenían alternativa mas que someterse a la extraordinaria autoridad del gobierno.
Durante la era de Jiang Zemin, hubo algunos cambios. En un esfuerzo por reducir la presión internacional y desarrollar la economía bajo condiciones comerciales favorables de EUA, el régimen chino cedió. Entre otras acciones, se me liberó de la cárcel y fui deportado a EUA. Aquello resultó en una fuerte respuesta de la línea dura del partido a pesar del hecho de que, con el paso de los años, el enorme déficit comercial de América ha sido lo que ha alimentado en gran medida el rápido crecimiento de China.
Ahora que los líderes de China creen que su próspera nación ha emergido como una jugadora en la historia del mundo justo cuando el prestigio de América se ha debilitado por la guerra en Irak y la reciente debacle financiera, la línea dura ha podido ganar la mano alta otra vez.
Sin duda hay algo de verdad en la noción de que su revivida arrogancia se inspira en el papel de China como el principal acreedor de la endeudada América. Seguramente ésta es una de las razones por las que el liderazgo de China siente la libertad de insultar al Presidente Barak Obama, como hizo durante su visita a China, cuando bloquearon la cobertura noticiosa de su discurso, y cuando enviaron a funcionarios de bajo nivel a negociar con él en las pláticas climáticas de Copenhagen hasta el último minuto, cuando el Premier Wen Jiabao finalmente le concedió una audiencia.
La humillación de Obama no fue personal. Sirvió para señalar el poder de China en el escenario mundial. Pero más importantemente, como bajo Mao y Deng, el enfrentarse a la superpotencia americana pretende detener la oposición internacional y maniobrar al inquieto público chino hacia la subservilidad bajo una dictadura monopartidista. Esto es particularmente crítico pues una mayor democracia en China expondría sus propios problemas económicos.
Cómo responda el presidente Obama a este reto no es sólo cuestión de su propio honor y posición; es cuestión de defender el sistema de calores democráticos de occidente frente a un reto por el liderazgo ideológico del siglo 21.
El caso de Liu Xiaobo presenta una oportunidad para que Obama no quede en vergüenza y enfrente a la extraordinaria arrogancia de la línea dura. Al apelarse al caso de Liu en una corte superior, EUA y el resto de occidente deben insistir en que se suspenda esa sentencia. Una postura así de fuerte debilitará a la línea dura y fortalecerá las voces de la reforma pacífica dentro de China. Si EUA no presiona, la línea dura seguirá teniendo consecuencias negativas en todo el espectro de cuestiones, desde el comercio y la valuación de la divisa hasta la seguridad global y el cambio climático.
EUA puede deber muchísimo a China, pero tiene una deuda más grande con sus principios fundadores de libertad y derechos humanos. Si occidente, encabezado por Estados Unidos, no sirve como contrabalance para el nuevo poderío de China en el orden mundial, ¿quién lo hará?
(c) 2009 GLOBAL VIEWPOINT NETWORK/TRIBUNE MEDIA SERVICES
Por Wei Jingsheng
Global Viewpoint - Spanish
Wei Jingsheng, uno de los más conocidos activitas de los derechos humanos en China, pasó quince años en la cárcel hasta ser deportado a Estados Unidos. Recibió el premio Robert F. Kennedy por los Derechos Humanos y el Premio Olaf Palme.
WASHINGTON, D.C. - La semana pasada, un reformista conservado en China, Liu Xiaobo, fue sentenciado a once años de cárcel por el gobierno chino por el sólo acto de organizar y firmar una petición, la Carta 08, que pide la reforma política y los derechos humanos básicos que gran parte del mundo ya disfruta.
El mensaje era claro para todos aquellos que buscaban moderación por parte de una nuevamente poderosa China que ahora tiene un prominente lugar en las mesas del gobierno global: ya que ustedes hicieron mucho escándalo por liberar a Liu luego de su arresto, lo castigaremos todavía más severamente. En términos nada inciertos, eso nos deja saber no sólo que no les interesa lo que pensamos, sino que no tenemos qué hacerlo.
Aunque había diplomáticos de Alemania y Australia entre las dos docenas de personas a quienes se permitió observar el "juicio público," el hecho de que no se permitió a nadie de la embajada americana debe leerse como un reto particularmente claro y abierto a Estados Unidos.
Los chinos conocemos íntimamente esta arrogancia autoritaria.
Durante las eras de Mao Zedong y Deng Xiaoping, cuando fui encarcelado por quince años por el "horrible crimen" de pegar un cartel en una pared, el gobierno chino consideró a la opinión pública internacional con esta misma actitud. Si el pueblo chino veía cómo el gobierno abiertamente menospreciaba los intereses de poderosos extranjeros, razonaban los gobernantes del Partido Comunista, verían que no tenían alternativa mas que someterse a la extraordinaria autoridad del gobierno.
Durante la era de Jiang Zemin, hubo algunos cambios. En un esfuerzo por reducir la presión internacional y desarrollar la economía bajo condiciones comerciales favorables de EUA, el régimen chino cedió. Entre otras acciones, se me liberó de la cárcel y fui deportado a EUA. Aquello resultó en una fuerte respuesta de la línea dura del partido a pesar del hecho de que, con el paso de los años, el enorme déficit comercial de América ha sido lo que ha alimentado en gran medida el rápido crecimiento de China.
Ahora que los líderes de China creen que su próspera nación ha emergido como una jugadora en la historia del mundo justo cuando el prestigio de América se ha debilitado por la guerra en Irak y la reciente debacle financiera, la línea dura ha podido ganar la mano alta otra vez.
Sin duda hay algo de verdad en la noción de que su revivida arrogancia se inspira en el papel de China como el principal acreedor de la endeudada América. Seguramente ésta es una de las razones por las que el liderazgo de China siente la libertad de insultar al Presidente Barak Obama, como hizo durante su visita a China, cuando bloquearon la cobertura noticiosa de su discurso, y cuando enviaron a funcionarios de bajo nivel a negociar con él en las pláticas climáticas de Copenhagen hasta el último minuto, cuando el Premier Wen Jiabao finalmente le concedió una audiencia.
La humillación de Obama no fue personal. Sirvió para señalar el poder de China en el escenario mundial. Pero más importantemente, como bajo Mao y Deng, el enfrentarse a la superpotencia americana pretende detener la oposición internacional y maniobrar al inquieto público chino hacia la subservilidad bajo una dictadura monopartidista. Esto es particularmente crítico pues una mayor democracia en China expondría sus propios problemas económicos.
Cómo responda el presidente Obama a este reto no es sólo cuestión de su propio honor y posición; es cuestión de defender el sistema de calores democráticos de occidente frente a un reto por el liderazgo ideológico del siglo 21.
El caso de Liu Xiaobo presenta una oportunidad para que Obama no quede en vergüenza y enfrente a la extraordinaria arrogancia de la línea dura. Al apelarse al caso de Liu en una corte superior, EUA y el resto de occidente deben insistir en que se suspenda esa sentencia. Una postura así de fuerte debilitará a la línea dura y fortalecerá las voces de la reforma pacífica dentro de China. Si EUA no presiona, la línea dura seguirá teniendo consecuencias negativas en todo el espectro de cuestiones, desde el comercio y la valuación de la divisa hasta la seguridad global y el cambio climático.
EUA puede deber muchísimo a China, pero tiene una deuda más grande con sus principios fundadores de libertad y derechos humanos. Si occidente, encabezado por Estados Unidos, no sirve como contrabalance para el nuevo poderío de China en el orden mundial, ¿quién lo hará?
(c) 2009 GLOBAL VIEWPOINT NETWORK/TRIBUNE MEDIA SERVICES
MIRANDO HACIA COPENHAGEN: EL CONVENIO DE LOS EMISORES GLOBALES RECONOCIOUNA REALIDAD GEOPOLITICA
Mirando hacia Copenhagen: el Convenio de los Emisores Globales Reconoci? una Realidad Geopol?tica
Por Anthony Giddens
Global Viewpoint - Spanish
Anthony Giddens, exdirector de la Escuela de Econom?a de Londres, es miembro de la Casa de Lords. Su ?ltimo libro es "The Politics of Climate Change" ("La Pol?tica del Cambio Clim?tico")
LONDRES - A?n si degener? en pleito, la reuni?n sobre el cambio clim?tico realizada en Copenhagen en diciembre conform? uno de los eventos clave de 2009. Se supon?a que deb?an establecer un "convenio global" al cual se sumar?an los pa?ses participantes. No ocurri?. El "Acuerdo de Copenhagen" -- una breve declaraci?n de principios y compromisos, producido por un peque?o grupo de estados -- fue el ?nico resultado tangible de las negociaciones.
Dos principales respuestas vienen de los comentaristas en la v?spera inmediata. Algunos discuten tras la l?nea de: "bueno, es mucho menos de lo que esper?bamos pero tenemos que buscar lo positivo y aprovechar lo mejor de una mala tarea." Otros -- la gran mayor?a -- declararon el resultado como una cat?strofe.
Mi reacci?n es diferente de estas dos. Es que el mundo pudiera inadvertidamente haberse tropezado con la forma m?s probable de comenzar a detener el cambio clim?tico en vez de hablar incansablemente de hacerlo. No es una ruta que necesariamente comandar? la aprobaci?n general, y la ONU en cierto grado queda al margen. Pero lleva promesa, porque reconoce realidades geopol?ticas centrales y funciona con en vez de en contra de ellas.
Los pa?ses que se reunieron para establecer el acuerdo fueron Estados Unidos, China, India, Brasil y Sud?frica. Dejando a un lado a Sud?frica, analice a los otros. Son las tres m?s grandes bestias del mundo en desarrollo en t?rminos de emisiones de gases de invernadero, adem?s del pa?s industrializado m?s contaminante del mundo, Estados Unidos. Una diversidad de otros estados ha indicado voluntad de sumarse.
Tenemos que innovar las relaciones internacionales en este momento si hemos de tener ?xito en el enfrentamiento al cambio clim?tico y sostener el aumento promedio de temperatura global en 2 grados Celsius. El acuerdo es apenas un principio, pero sobre el que puede trabajarse y en principio mucho m?s r?pidamente que lo que hubiera sido posible dentro del torpe escenario que se vio en Copenhagen. Si se puede dar al acuerdo una forma robusta, y en corto, podr?a ayudar a romper las actuales barreras en las que cada naci?n o grupo de naciones espera que las dem?s tomen la delantera.
Mucho depender? de cu?n s?lidas y pr?cticas sean las propuestas que, seg?n los t?rminos del acuerdo, presentar?n los pa?ses antes del 31 de enero para reducir las tasas de emisiones. Los planes deben ser plausibles y robustos y no s?lo una lista de deseos.
Con toda la ret?rica, la mayor?a han logrado muy poco hasta ahora -- el resto del mundo tiene raz?n al no estar impresionado. En la misma fecha, se requerir? a los pa?ses en desarrollo que deseen aceptar el acuerdo que fortalezcan sus planes para reducir sus propias emisiones. Por primera vez, se establecer? alguna especie de mecanismo de sanciones. La acci?n propuesta en los pa?ses en desarrollo que se pagar? con dinero de los m?s ricos recibir? monitoreo internacional.
?Qu? clase de marco podr?a emerger de todo esto al corto y mediano plazo? ?Significar? que los m?s peque?os y pobres pa?ses del mundo sufrir?n mientras los m?s grandes progresan por cuenta propia? No creo que necesariamente ser? as?, cuando menos si la arquitectura general es la correcta, y si se organizan para representar sus preocupaciones espec?ficas.
Lo qu? pas? con la Organizaci?n Mundial del Comercio, que ha seguid una especie de v?a paralela, puede proveer sugerencias muy ?tiles. Anticipando lo que ocurrir?a en Copenhagen, desarroll? una serie de propuestas en las mismas l?neas de mi libro, "La Pol?tica del Cambio Clim?tico," publicado hace nueve meses. El fracaso en la conclusi?n de un conjunto universal de acuerdos comerciales ha propiciado una variedad de nuevas medidas y nuevas organizaciones. La diversidad misma de los grupos y regiones involucradas ha demostrado ser tanto una fuente de fuerza como de debilidad. Lo mismo podr?a ser en el caso del cambio clim?tico.
Si se elabora exitosamente en el curso de los pr?ximos meses, el acuerdo podr?a proveer un ancla, pero necesitaremos adicionalmente acuerdos bilaterales y regionales y -- s?, -- "coalici?n de voluntades." Estados Unidos y China deben continuar negociando bilateralmente, independientemente de los acuerdos m?s generales a los que se comprometan.
Vamos a suponer que 190 pa?ses hubieran alcanzado un consenso en Copenhagen, pero que los dos que no fueran Estados Unidos y China. El marco de trabajo acordado no habr?a sido de mucho valor, ya que estos dos pa?ses contribuyen m?s del 40% de las emisiones totales de gases de invernadero. Mucho mejor, ser?a, comenzar con estas dos naciones, junto con los otros grandes pa?ses emisores, y asegurarse de que est?n preparados a trabajar entre s? de una manera seria y comprometida.
Debe haber un G3 por igual. La Comunidad Europea se encontr? relegada en Copenhagen -- una consecuencia de su antiguo problema de que no habla con una sola voz, y no pod?a mantener el ritmo de la r?pida toma de decisiones que deb?a ocurrir hacia el final de las negociaciones para obtener algo de ellas del todo.
Pero Cobn 550 millones de habitantes, tiene que tener una clave y ojala un papel de vanguardia. Los iniciadores del acuerdo sacaron la vuelta a la nada sana divisi?n que se ha presentado entre los pa?ses desarrollados y en desarrollo, en la que cada uno es visto como un bloque homog?neo; este ?nfasis debe continuar.
Los 20 m?s grandes contaminadores (entre quienes se incluyen varias grandes naciones en desarrollo) han contribuido casi el 90% de las emisiones totales desde inicios de la era industrial, deber?an reunirse tambi?n regularmente.
Podr?an pensarse muchas nuevas direcciones. Hay peligros obvios en un enfoque que no se concentra en hacer que todas las naciones firmen una plantilla com?n. Pero en estos momentos, no hay alternativa en caso alguno. Tal ?nfasis no se?ala el final del multilateralismo, ya que se necesitar? iniciar y avanzar muchas formas de cooperaci?n.
(c) 2010 GLOBAL VIEWPOINT NETWORK/TRIBUNE MEDIA SERVICES
Por Anthony Giddens
Global Viewpoint - Spanish
Anthony Giddens, exdirector de la Escuela de Econom?a de Londres, es miembro de la Casa de Lords. Su ?ltimo libro es "The Politics of Climate Change" ("La Pol?tica del Cambio Clim?tico")
LONDRES - A?n si degener? en pleito, la reuni?n sobre el cambio clim?tico realizada en Copenhagen en diciembre conform? uno de los eventos clave de 2009. Se supon?a que deb?an establecer un "convenio global" al cual se sumar?an los pa?ses participantes. No ocurri?. El "Acuerdo de Copenhagen" -- una breve declaraci?n de principios y compromisos, producido por un peque?o grupo de estados -- fue el ?nico resultado tangible de las negociaciones.
Dos principales respuestas vienen de los comentaristas en la v?spera inmediata. Algunos discuten tras la l?nea de: "bueno, es mucho menos de lo que esper?bamos pero tenemos que buscar lo positivo y aprovechar lo mejor de una mala tarea." Otros -- la gran mayor?a -- declararon el resultado como una cat?strofe.
Mi reacci?n es diferente de estas dos. Es que el mundo pudiera inadvertidamente haberse tropezado con la forma m?s probable de comenzar a detener el cambio clim?tico en vez de hablar incansablemente de hacerlo. No es una ruta que necesariamente comandar? la aprobaci?n general, y la ONU en cierto grado queda al margen. Pero lleva promesa, porque reconoce realidades geopol?ticas centrales y funciona con en vez de en contra de ellas.
Los pa?ses que se reunieron para establecer el acuerdo fueron Estados Unidos, China, India, Brasil y Sud?frica. Dejando a un lado a Sud?frica, analice a los otros. Son las tres m?s grandes bestias del mundo en desarrollo en t?rminos de emisiones de gases de invernadero, adem?s del pa?s industrializado m?s contaminante del mundo, Estados Unidos. Una diversidad de otros estados ha indicado voluntad de sumarse.
Tenemos que innovar las relaciones internacionales en este momento si hemos de tener ?xito en el enfrentamiento al cambio clim?tico y sostener el aumento promedio de temperatura global en 2 grados Celsius. El acuerdo es apenas un principio, pero sobre el que puede trabajarse y en principio mucho m?s r?pidamente que lo que hubiera sido posible dentro del torpe escenario que se vio en Copenhagen. Si se puede dar al acuerdo una forma robusta, y en corto, podr?a ayudar a romper las actuales barreras en las que cada naci?n o grupo de naciones espera que las dem?s tomen la delantera.
Mucho depender? de cu?n s?lidas y pr?cticas sean las propuestas que, seg?n los t?rminos del acuerdo, presentar?n los pa?ses antes del 31 de enero para reducir las tasas de emisiones. Los planes deben ser plausibles y robustos y no s?lo una lista de deseos.
Con toda la ret?rica, la mayor?a han logrado muy poco hasta ahora -- el resto del mundo tiene raz?n al no estar impresionado. En la misma fecha, se requerir? a los pa?ses en desarrollo que deseen aceptar el acuerdo que fortalezcan sus planes para reducir sus propias emisiones. Por primera vez, se establecer? alguna especie de mecanismo de sanciones. La acci?n propuesta en los pa?ses en desarrollo que se pagar? con dinero de los m?s ricos recibir? monitoreo internacional.
?Qu? clase de marco podr?a emerger de todo esto al corto y mediano plazo? ?Significar? que los m?s peque?os y pobres pa?ses del mundo sufrir?n mientras los m?s grandes progresan por cuenta propia? No creo que necesariamente ser? as?, cuando menos si la arquitectura general es la correcta, y si se organizan para representar sus preocupaciones espec?ficas.
Lo qu? pas? con la Organizaci?n Mundial del Comercio, que ha seguid una especie de v?a paralela, puede proveer sugerencias muy ?tiles. Anticipando lo que ocurrir?a en Copenhagen, desarroll? una serie de propuestas en las mismas l?neas de mi libro, "La Pol?tica del Cambio Clim?tico," publicado hace nueve meses. El fracaso en la conclusi?n de un conjunto universal de acuerdos comerciales ha propiciado una variedad de nuevas medidas y nuevas organizaciones. La diversidad misma de los grupos y regiones involucradas ha demostrado ser tanto una fuente de fuerza como de debilidad. Lo mismo podr?a ser en el caso del cambio clim?tico.
Si se elabora exitosamente en el curso de los pr?ximos meses, el acuerdo podr?a proveer un ancla, pero necesitaremos adicionalmente acuerdos bilaterales y regionales y -- s?, -- "coalici?n de voluntades." Estados Unidos y China deben continuar negociando bilateralmente, independientemente de los acuerdos m?s generales a los que se comprometan.
Vamos a suponer que 190 pa?ses hubieran alcanzado un consenso en Copenhagen, pero que los dos que no fueran Estados Unidos y China. El marco de trabajo acordado no habr?a sido de mucho valor, ya que estos dos pa?ses contribuyen m?s del 40% de las emisiones totales de gases de invernadero. Mucho mejor, ser?a, comenzar con estas dos naciones, junto con los otros grandes pa?ses emisores, y asegurarse de que est?n preparados a trabajar entre s? de una manera seria y comprometida.
Debe haber un G3 por igual. La Comunidad Europea se encontr? relegada en Copenhagen -- una consecuencia de su antiguo problema de que no habla con una sola voz, y no pod?a mantener el ritmo de la r?pida toma de decisiones que deb?a ocurrir hacia el final de las negociaciones para obtener algo de ellas del todo.
Pero Cobn 550 millones de habitantes, tiene que tener una clave y ojala un papel de vanguardia. Los iniciadores del acuerdo sacaron la vuelta a la nada sana divisi?n que se ha presentado entre los pa?ses desarrollados y en desarrollo, en la que cada uno es visto como un bloque homog?neo; este ?nfasis debe continuar.
Los 20 m?s grandes contaminadores (entre quienes se incluyen varias grandes naciones en desarrollo) han contribuido casi el 90% de las emisiones totales desde inicios de la era industrial, deber?an reunirse tambi?n regularmente.
Podr?an pensarse muchas nuevas direcciones. Hay peligros obvios en un enfoque que no se concentra en hacer que todas las naciones firmen una plantilla com?n. Pero en estos momentos, no hay alternativa en caso alguno. Tal ?nfasis no se?ala el final del multilateralismo, ya que se necesitar? iniciar y avanzar muchas formas de cooperaci?n.
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lunes, 11 de enero de 2010
Frase del Dia
Genio es aquel que en todo instante sabe plasmar en hechos sus pensamientos.
Theophile Gautier
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